Hacer sostenible el transporte y capturar el C02

Por en 07/08/2013
Javier Fernandez del Moral

Por Javier Fernández del Moral

Hace unos años, en la época del Concord, el único reto que parecía existir en lo que se refería al transporte, era el de lograr reducir el tiempo del viaje por mucho que costase. Hoy todo el discurso parece agotarse en la rentabilidad, la eficiencia y el respeto sostenible del medio ambiente. A pesar de todo, todavía hoy nos planteamos muchas veces si coger el coche para ir a trabajar o ir en transporte público.

El objetivo fundamental es tardar lo menos posible, aunque también influye el importe del viaje. Lo que tal vez no solemos preguntarnos tanto es si con ese trayecto contaminamos más o menos la atmósfera. Eso sí, a la hora de hablar del cambio climático todos nos quejamos y nos echamos las manos a la cabeza: ¿cómo puede hacer tanto calor y luego tanto frío? Solo cuando algo nos afecta directamente parece que nos interesa de verdad.

A nivel ya no del ciudadano, sino de los países, el Protocolo de Kioto se encargó de que existiera un compromiso de reducción de la emisión de gases de efecto invernadero. Sin embargo, tras un estudio conjunto del IIASA (Instituto Internacional para el Análisis de Sistemas Aplicados) y del CICERO (Centro Internacional para la Investigación Climática y Medioambiental) se ha concluido que en dicho protocolo no se tuvieron en cuenta algunas variables que cambiarían mucho las cifras, como es la ocupación de los vehículos. Así lo explica Terje Berntsen, experto del CICERO y coautor del estudio.

Los cálculos señalan que, dentro de trayectos de entre 500 y 1.000 kilómetros, hacer el mismo recorrido solo en un coche grande produce mucho más CO2 que viajar con otras dos personas en un coche pequeño o que hacerlo en tren.

Respecto a viajar en avión, este estudio ratifica que “produce de lejos el mayor impacto sobre el clima por distancia viajada”, en palabras de Jens Borken-Kleefeld, experto del IIASA. Por ello recomienda, si se quiere reducir la contaminación, “evitar; los vuelos, conducir solo y conducir vehículos grandes” y que “siempre que se pueda se opte por el tren, el autobús o compartir el coche con dos o mas personas”. Cuestión esta que una vez más vincula sostenibilidad con relaciones personales amables, y disposiciones solidarias.

El sistema internacional de Certificación LEED®, que promueve en España desde 1998 el Green Building Council de España, el Spain Green Building Council®, www.spaingbc.org, en el Campo de Parcela Sostenible LEED®, favorece por un lado el Transporte Alternativo en cuatro planteamientos principales:

Primero; el que en las inmediaciones del edificio y en una distancia peatonal de hasta 800ml haya parada de metro, tren de cercanías, autobús metropolitano o “ferry” o que en una distancia peatonal de hasta 400ml haya al menos una parada con dos o mas líneas de autobús público o lanzaderas de empresa o vehículos compartidos, premiándolo con hasta 6 puntos de 110.

Segundo; favorece el que se dote de aparca-bicicletas en zona segura y preferente al 5% o más de la población de los edificios y duchas y vestuarios para el 0,5% o más de los mismos, premiándose con 1 punto de 110.

Tercero; el que haya aparcamiento preferente en las inmediaciones de escaleras y ascensores para los que acuden al trabajo con vehículos de bajo consumo y bajas emisiones (híbridos, eléctricos, de bajo consumo de gasolina y diesel,…) para el 5% de la capacidad del aparcamiento [o enchufes para eléctricos, surtidores de  bio-líquidos o bio-gaseosos para el 3% de la capacidad del aparcamiento (3% x 60 l), o vehículos de este tipo para el 3% de la población del edificio] se premia con hasta 3 puntos de 110.

Cuarto; para los que acudan al trabajo con Vehículos de Alta Ocupación – VAO (2 ó más ocupantes) se les dará aparcamiento preferente para el 5% de la capacidad del aparcamiento, se premia esta estrategia con 2 puntos de 110.

En el campo de Materiales y Recursos LEED®, el que los materiales de construcción de obra civil, decoración, mobiliario y acabados estén manufacturados y sus materias primas provengan de emplazamientos en un radio de hasta 800km de la obra para el 30% en coste de los mismos, se premia con hasta 3 puntos de 110, para controlar la energía indirecta aplicada al edificio debida al transporte intermodal (contenedores por tren, camión o barco). En LEED® hasta 15 puntos de 110, favorecen el uso del transporte eficiente y menos contaminante.

¿Cómo explicaríamos a los hermanos Wright o a Santos Dumont que el principal problema de los aviones del futuro no sería estructural ni aerodinámico? Incluso podríamos pensar que la industria aeronáutica se vería perjudicada por la falta de presupuesto para materiales o por el encarecimiento del carburante. Sin embargo, como vemos, la principal pega hoy en día es la emisión de CO2 que por el momento supone.

Y sin embargo podríamos decir: ¿qué hay de la contaminación que proviene de las centrales eléctricas que funcionan con combustibles fósiles? ¿Merece el transporte ser tan castigado cuando el CO2 está tan presente y forma parte de los gases de escape?

Es precisamente en lo que trabaja ahora el Laboratorio Nacional de Tecnologías Energéticas del Departamento de Energía de Estados Unidos. Desde 1990 se ha venido estudiando el uso de pilas de combustible para capturar CO2, ya que otros métodos hacen poco rentable la producción eléctrica en sí. La posibilidad de usar las pilas de combustible de carbonato fundido (solo siendo válida esta variedad que fabrica FuelCell Energy en EE.UU.) ha merecido la inversión de 2,4 millones de dólares para desarrollar dicho estudio.

Aunque sí existen otros modos de captura de CO2 de los gases de escape, su coste impide que sean usados a gran escala, y haría necesario utilizar el mismo vapor que podría estar generando electricidad. Esto convierte el sistema de las pilas de combustible (de carbonato fundido) en prometedor, ya que es precisamente con CO2 con lo que ellas funcionan. Así, en vez de reciclarlo dentro de su bucle interno, lo captaría de forma selectiva de los gases de escape de la supuesta central eléctrica. Una vez acumulado se podría someter a grandes presiones y bombearlo para su almacenaje bajo tierra.

Aún se trata de un estudio que tendrá que investigar a fondo las posibilidades reales del proyecto: costes, complicaciones derivadas de la contaminación de los gases de las centrales eléctricas –especialmente por la presencia de azufre-, que interferirían tal vez en las reacciones electroquímicas del funcionamiento de las pilas de combustible… Se ha hablado incluso de usar las celdas o células en la extracción de petróleo con CO2, porque facilitaría la separación de crudo y gases, pero como decimos, es necesario hacer cálculos para comprobar que los gastos son rentables.

En EE.UU. la revolución del gas natural de esquistos (fracking-shale gas) está produciendo dos efectos muy beneficiosos:

El Primero la remarcable reducción de las emisiones de gases efecto invernadero a nivel nacional, debido al cierre de centrales térmicas de carbón y petróleo desplazadas por las centrales térmicas de gas natural de esquistos (shale-gas), para la producción de electricidad, por ser este gas muchísimo mas barato que el carbón a cielo abierto y el petróleo. Las emisiones de gases efecto invernadero en el periodo 2005-2011 se han reducido un 7,5%, situándose en los niveles por debajo de los de 1992 y continuarán bajando al ritmo del 1,5% anual o mayor, debido a la mucha menor intensidad en carbono del gas natural de esquistos.

El Segundo, como consecuencia del anterior, es la revolución del motor de gas natural de esquistos (fracking-shale gas), que se está produciendo justo en este momento, que va a producir una reducción considerable añadida a la anterior de las emisiones de gases efecto invernadero a nivel nacional en el sector difuso del transporte. Los grandes fabricantes de vehículos, camiones, motores de barcos y motores de tren los están fabricando para que puedan consumir gas natural de esquistos (fracking-shale gas) y en el periodo de transición, debido a la escasez inicial de gasolineras con este gas, con dos depósitos, para que puedan usar también gasolina/gas-oil. Las compañías de gas y petróleo están construyendo a ritmo acelerado estaciones de servicio públicas con gas natural de esquisto comprimido para los vehículos privados en los corredores principales y de gas natural licuado para los grandes camiones de 9 ejes, trenes de mercancías y barcos. También cada vez son más las flotas de autobuses municipales, metropolitanos, concesionarios de larga y media distancia, recogida de basuras, taxis,… que usan el gas natural de esquistos (fracking-shale gas).

EE.UU. va a cumplir con el Protocolo de Kioto sin haberlo ratificado y antes que los países que si lo han hecho.

En definitiva, la generación de este siglo trabaja en pro de evitar los males surgidos como consecuencia de la producción y el consumo de energía que conllevan las innovaciones integradas en la rutina diaria del hombre moderno. Una vez más el pasado nos insta a proponer una innovación sostenible para el futuro.

Por Javier Fernández del Moral, Catedrático de Información Periodística Especializada-Ciencias de la Información-Universidad Complutense de Madrid-Director Académico Centro Universitario Villanueva

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