¡Qué inventen ellos!

Por en 03/09/2013
Alberto-anpier

Por Alberto J. Cuartas Galván,  Miembro de la Junta Directiva de Anpier

Cuando D. Miguel de Unamuno expresó, con tan célebre frase, el pensamiento de una parte muy importante de la España de su tiempo no podía sospechar que muchos años más tarde, cuando España ya había alcanzado un nivel de desarrollo elevado, un destacado dirigente político de un Gobierno liberal iba a decir, con otras palabras pero con igual significado, que es mejor que investiguen, innoven y desarrollen técnica e industrialmente sobre energías renovables otros países y no España, ya que lo hecho hasta ahora, poniéndonos a la cabeza de tales energías, ha sido tirar un dinero del que se están beneficiando los demás a costa nuestra.

De que otra manera, si no es en el sentido expuesto anteriormente, pueden entenderse las palabras del Sr. Secretario de Estado de Energía al  referirse a la energía fotovoltaica, al decir que hemos hecho actuaciones muy adelantadas en el tiempo de las que se han beneficiado otros países mientras que nosotros tenemos que pagar ahora las altas primas que dieron lugar al desarrollo de tal tecnología.

Naturalmente, con estos conceptos sobre la improcedencia de realizar inversiones para desarrollar nuevas tecnologías es fácil deducir que lo  procedente es esperar a que inventen e innoven otros, ya que más tarde nos llegarán los beneficios de los mismos sin tener que hacer nosotros costosos desembolsos.

¿Entiende el Sr. Secretario de Estado de Energía que habría sido mejor para España que las empresas de nuestro país que lograron situarse a la cabeza de la tecnología en energías renovables y que ahora, ante el parón forzoso que han tenido en España, les está permitiendo trabajar en el extranjero, en países de gran desarrollo tecnológico e industrial, hubiesen esperado a que empresas de fuera hubieran venido a instalar en España sus nuevas tecnologías, a las cuales comprarían los correspondientes permisos una vez que éstas alcanzasen el adecuado desarrollo técnico?

¿Entiende el Sr. Secretario de Estado de Energía que si no se hubiesen ofrecido las primas que en su día se aprobaron por el Gobierno de España nuestras empresas hubieran podido desarrollar la tecnología que les permitió situarse a la cabeza de los países mas desarrollados en este campo de actividad?

¿Piensa el Sr. Secretario de Estado de Energía que hubiera sido mejor seguir pagando las ingentes cantidades de dinero que anualmente tenemos que desembolsar para pagar el petróleo y el gas que importamos, en vez de desarrollar la tecnología precisa para las energías renovables?

¿Piensa el Sr. Secretario de Estado de Energía que solo cuando los precios del petróleo y gas se hagan insostenible, por la lógica reducción de producción ante el aumento de consumo y disminución de reservas disponibles, deberíamos comenzar a instalar las nuevas tecnologías,  aunque entonces quedásemos en total dependencia técnica de las empresas que las hayan desarrollado?

¿Considera el Sr. Secretario de Estado de Energía  que es mejor pagar los derechos de CO2 que actualmente tenemos que abonar que no ayudar a eliminar con las nuevas energías renovables tales obligaciones?

¿Considera el Sr. Secretario de Estado de Energía que es mejor seguir alargando la vida de las centrales nucleares hasta que la presión social o, confiemos que tal cosa nunca ocurra, un accidente obligue a cerrarlas con premura y no tengamos sustitución de las mismas?

¿Participa el Sr. Secretario de Estado de Energía de la idea de que las ingentes inversiones que realizan los países mas desarrollados en investigación e innovación, lo que les permite mantenerse a la cabeza del desarrollo mundial, es una perdida de dinero cuando podían esperar a que otros lo hagan y aprovechar ellos posteriormente tales adelantos?

¿Participa el Sr. Secretario de Estado de Energía de la idea de que los errores de las administraciones publicas, o lo que es lo mismo, los problemas de coordinación de las administraciones autonómicas con el Ministerio de Industria y la falta de supervisión de éste sobre aquellas, deben pagarlo los productores que se limitaron a responder favorablemente y de buena fe a la invitación realizada por el Gobierno de España para que invirtieran en esta tecnología?

Expuesto lo anterior parece razonable pensar que el Sr. Secretario de Estado de Energía, por su juventud y formación, esta en las antípodas de ese negativo pensamiento, expuesto cuando España era un país que poco o nada contaba en el concierto internacional, sino que, por el contrario, considera fundamental que nuestro país y sus empresas participen activamente en las políticas de investigación, innovación y desarrollo tecnológico e industrial, pues ello nos permitirá situarnos entre los países mas desarrollados y a los españoles disfrutar del máximo nivel de bienestar social.

 Pero si esto es así ¿por que abandona a su suerte, cuando no contribuye a su ruina, a quienes con sus inversiones posibilitaron que España alcanzase el máximo nivel de conocimiento tecnológico  en el campo de las energías renovables, poniéndonos a la cabeza de las mismas? ¿Por que no apoya el desarrollo de estas nuevas tecnologías, que han alcanzado ya un alto grado de madurez que las permite comenzar a competir con las tecnologías mas tradicionales?. ¿Por que no le importa poner en  entredicho la seguridad jurídica de nuestro país, y con ello la marca España, la cual, sin embargo, no duda en reclamar, con razón, para nuestras empresas fuera del mismo.

La respuesta no esta, posiblemente, en el hecho planteado en el titulo de este articulo de que pudiendo inventar, innovar o desarrollar otros ¿para que hacerlo nosotros?, por lo que la misma habrá que buscarla por otro lado, de lo que, muy posiblemente, el tiempo nos dará pistas muy concretas.

 

Alberto J. Cuartas Galván es Miembro de la Junta Directiva de Anpier

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